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Viajes & Letras


18 horas de carretera, o más

Dia 19:

Maldita sea, con lo a gusto que uno está aquí dentro.

Es hora de enfrentarse al duro reto de bajar hacia zonas más cálidas. Y no me refiero a las costas del Mediterráneo, que podría. Más bien me refiero a la zona central de Noruega donde, suponemos, la temperatura será un poco más agradable que aquí arriba. Aunque la verdad, eso no es difícil.

Desde aquí bajaremos a Røros, situado a unos 80 kilómetros de Trondheim y que, según Google Maps, se encuentra a 18 horas y 32 minutos de viaje, unos 1449 kilómetros, en los que atravesaremos Finlandia y Suecia. Nos ha llevado un par de semanas subir hasta el norte recorriendo la costa poco a poco y, sinceramente, no queremos gastar varios días haciendo el camino inverso, todavía nos quedan muchos lugares por visitar en el sur.

Así que todo empieza como una broma:

  • ¿Te imaginas hacer del tirón las 18 horas? Tiene que ser brutal.

De momento vamos a empezar poco a poco. Alrededor de las once de la mañana dejamos atrás Alta para dirigirnos a Kautokeino.

Kautokeino y Karasjok son las dos ciudades principales de la cultura sami en Noruega. Mientras que Karasjok, por la que no pasaremos, cuenta con el Parlamento lapón, su biblioteca y la sede de radio NRK Sápmi, Kautokeino es la ciudad invernal para los samis con renos, además de que el 85% de sus habitantes hablan como primera lengua el lapón.

Alejándonos del norte
Alejándonos del norte

Desde lejos Kautokeino parece un tumulto de casas sin orden aparente, hecho confirmado al entrar en la ciudad. De primeras nos sorprende una mujer de paseo con el traje típico sami, a saber, el kolt multicolor y el gorro tan característico por estas zonas. Por momentos parece que no estemos en Noruega. Es como una de esas películas navideñas de Santa Claus y su pandilla de ayudantes enanos de ropas multicolores, con el reno Rudolf y nieve, mucha nieve. La diferencia está en que no hay nieve y no hay Santa Claus, los ayudantes son de tamaño estándar y los renos, mucho cuidado con atropellarlos.

La carretera 93 nos lleva hasta la frontera con Finlandia. Aunque parezca mentira usan euros, quien lo diría, y eso ya supone un alivio, el combustible es más barato y todo parece un poco más en desorden. He tenido la misma sensación que tengo cuando atravieso el caos de Alemania desde la perfección de Dinamarca. Es una sensación extraña. Aunque lo que de verdad me sorprende es que las carreteras están en mejores condiciones que las noruegas. Eso es al principio, pronto llegan los socavones, baches y escasez de señalización. Se ve que, en cuanto llega la primera nevada, el asfalto se convierte en la jungla, las motonieves gobiernan y los renos se reparten el resto de asfalto para rumiar en las esquinas más insólitas.

Más lejos del norte
Más lejos del norte

Paramos en un área de descanso. Es hora de encender el gas, sacar el arroz, los huevos que quedan en el maletero y meter algo en el estómago.

  • Buenas tardes –me dice un hombre de unos 70 años en un forzado castellano.
  • Buenas tardes –respondo sorprendido.
  • Buenas tardes –me dice su mujer- ¿De dónde eres? Yo soy de Alicante y mi marido es de las islas Lofoten en el norte. Nos hemos cansado del calor de España y nos vamos unos días a pasar frío. –Me cuenta mientras da cuenta de un bote de fresas noruegas, pequeñas y medio pasadas.

Increíble

Repostamos y continuamos viaje hacia el sur. La frontera entre Finlandia y Suecia es graciosa, un pueblo separado por un río, en el lado finlandés es Kaaresuvanto y en el lado sueco Kaarevuopio. Al menos a mi me pareció graciosa.

Carretera E95. I
Carretera E95. I

De nuevo en el lado sueco llega la cuadratura perfecta.

La carretera E45 sueca pone rumbo al sur. Esta es una ruta mucho más rápida que la noruega para descender a nuestro destino. La tarde empieza a caer. Poco a poco el sol de medianoche va desapareciendo para dar paso a un espectáculo de color rojizo en el cielo. No nos queda más que parar el coche y bajar a contemplar la perfecta luz.

Carretera E95. II
Carretera E95. II

Son las nueve y media de la noche cuando paramos en un supermercado para abastecernos de lo fundamental para continuar: dos bolsas de patatas fritas, una Coca-Cola y tres Wolfe, una de esas bebidas energéticas que puedes encontrar en cualquier supermercado, preferiblemente la más barata de todas.

Lo que había empezado como una broma parece que va tomando cuerpo.

  • Va, venga, nos hacemos el viaje del tirón y así aprovechamos el día en Røros.

Dicho y hecho.

Rumbo al sur.

Dia 20:

Me he despertado en un área de descanso. Bueno, no creo ni que llegue a eso, es un pedazo de tierra a un lado del arcén.

Son las ocho y media de la mañana. Durante toda la noche he ido parando cada dos horas (el protocolo lo tengo en mente), pero en esta última parada me he echado una cabezadita de media hora. Con esto creo que llegamos a Røros, solo estamos a 30 kilómetros.

La noche ha tenido sus altibajos, animales diversos cruzando la carretera (un reno, un zorro, dos ciervos, y tres borrachos en un puente en mitad de Suecia) y Radio Norge para amenizar la tremenda velada. ¡Al fin estamos en Røros!, aunque más bien parecemos desechos humanos. La llegada es esperanzadora, lo que vemos desde la distancia nos va gustando. Røros es una ciudad Patrimonio de la Humanidad lo que significa dos cosas: que puede ser muy bonita, y que, al menos, medio millón de turistas la visitan cada año. Pero, sin embargo, aquí estamos.

Røros I
Røros I

Dejamos el coche en el parking medio vacio junto al centro. Es tan temprano que todavía no han llegado las hordas turísticas para arrollarlo todo. Pero nos da igual, eso y todo. No son horas.

  • Creo que allí hay un bar.

Hecho. Bar a la vista. Apuesta segura.

Røros II
Røros II

Un té que me sabe a vida, suficiente cafeína he tenido durante la noche como para enchufarme de mañana. El bar, o cafetería, según se mire, es el sitio ideal para sentirte parte de la comunidad octogenaria del lugar. Aunque, si se analiza con calma, nuestro aspecto de yonkis de la carretera no parece desentonar mucho. El azúcar se me cae por la mesa, o mejor, lo tiro en un intento indecible por abrir el puñetero paquete. ¿Qué les costará ponerlo un poquito más fácil? Aquí llega el desayuno en ollas de 30 litros, ¿qué será? Los huevos fritos a docenas y las salchichas a centenares. Mejor hacerse a un lado, el desayuno supone la ración de soma diaria para caravanistas septuagenarios y demás especímenes, transformados en zombies ante semejantes manjares. Una idea brillante es desaparecer a tiempo, antes de sucumbir aplastados bajo sus pies y bastones. Aunque antes:

  • Por favor, ¿dónde está el baño?

Lo hemos pensado, hoy nos daremos un capricho muy grande, hoy necesitamos dormir. Vamos a un camping a reservar una cabina, pequeña pero con cama, lo único fundamental para caer muerto por unas horas.

Røros III
Røros III

No está mal este camping, parece salido directamente de plenos años 70 del siglo pasado, pero por lo demás está bien.

A las 12:30 nos presentamos en el jardín junto a la oficina de turismo. Una amiga catalana que conocí en Siberia y ha vivido en Noruega (madre mía qué de vueltas Anna) me ha recomendado el recorrido que organizan por la ciudad. Así que, aquí estamos. En cinco minutos aparece nuestro guía, una especie de estrella del rock noruego, chaqueta de cuero, pelo largo, calavera de llavero y tatuajes por los brazos.

  • Vamos a ver, ¿quién está aquí para la visita? –Dice agitando su café con el que amenizará los primeros cinco minutos.

Todo un show este personaje. Interesante el recorrido. Recomendado. Aunque quizá mucha energía tras 18 horas de coche. Disfrutar sin caer rendido, interesante sensación.

Røros IV
Røros IV

Información que nos llevamos anotada en la frente: Røros es uno de los lugares más fríos de Noruega, en 2010 se registraron -44 ºC. Eso no puede ser sano. Es más, en este sitio la temperatura puede bajar unos 20 ºC en un par de horas. Problemas que tiene el vivir en este valle.

Røros V
Røros V

Son casi las cinco de la tarde. El pueblo ya no da para mucho más, los turistas empiezan a desalojar, el sol sigue en lo alto, y los puestos de carne de reno permanecen en las aceras.

  • Antes de que termine el viaje tengo que probar esta carne. –Me autoconfirmo en voz alta.

Hora de irse a la cabina y dejar que pase el tiempo hasta mañana.

2 respuestas a «18 horas de carretera, o más»

  1. […] Un día de infarto, 18,5 horas seguidas conduciendo (con paradas cada dos horas) atravesando ríos, montañas, bosques, y lagos, evitando alces, renos, zorros y borrachos, cruzando tres países (Noruega, Suecia y Finlandia), y todavía llegar a tiempo para dar una vuelta por Røros. Fue demoledor, el cansancio hizo mella a media jornada pero, visto con perspectiva, fue una gran experiencia, a la par que loca. →  […]

  2. Pero qué palizas te pegas, tío, madre mía!!!! Menos mal que pudiste encontrar una camita, porque si no… Me canso sólo de leerlo je je. Todavía te queda llegar a Geiranger, supongo 🙂 Un abrazo, fieraaaa
    Echo de menos esos cielos de medianoche tan espectaculares. Ver tus fotos me los trae a la mente. Qué barbaridad, nunca vi nada así!

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