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Viajes & Letras


Nordkapp, destino al norte

Dia 17:

A las ocho de la mañana golpean la puerta de la habitación. Es la madre de Eirin:

  • Buenos días Alberto, perdona por despertarte. ¿Podrías ayudarme con el coche? Se me ha vuelto a quedar sin batería y no arranca.

Cinco minutos más tarde estoy poniendo los cables de su coche al mío y tratando de arrancar. Por instantes me viene a la cabeza la famosa frase de Luis Moya: ¡Trata de arrancarlo por dios!  Pero con un poco menos de mala leche.

Son las ocho y diez de la mañana, necesito cuajar un poco más mis neuronas.

Conseguimos arrancar su coche cuando aparece el hermano de Eirin.

  • ¿Podrías hacer lo mismo con el mío? Tampoco arranca.

¿Dos coches en esta casa y ninguno arranca?

  • Los hubiéramos intentado arrancar con aquel -dice señalando un tercero situado en una esquina- pero tampoco arranca.

Espero que no estén de coña.

Hoy recorreremos la distancia entre Tromsø y Alta. Hoy llegaremos a la ciudad más al norte en la que estaremos. Según Google Maps, la ruta por la E6 son algo más de siete horas de viaje. Sin embargo, ayer por la noche, entre waffle y waffle, la mamá de Eirin nos ha insistido en que cojamos los dos ferrys que separan Ullsfjorden y Lyngenfjord. Básicamente nos ha insistido por dos razones, la primera es que nos ahorraremos un par de horas de trayecto, y la segunda es el espectacular paisaje que veremos.

Café de mañana en el ferry
Café de mañana en el ferry

Y creo que con eso nos ha convencido.

Dejamos atrás Tromsø por la carretera E8 hasta enlazar con la 91. Pronto aparece el primer ferry para saltar Ullsfjorden hasta tierra firme. Bordeamos este pedazo de tierra dejando a nuestra derecha el fiordo. Los pueblos, los campos y las montañas se suceden uno tras otro. Nos encontramos muy lejos de Oslo, muy lejos de lo que nosotros llamamos el norte de Europa. La gente que vive aquí se enfrenta a 8 meses de nieve cada año, dos de los cuales son en completa oscuridad. Según nos han contado, aquí se dan las tasas de suicidios más altas del país. Y, con todo, la gente sigue resistiendo en estos parajes tan perdidos.

Carretera 91
Carretera 91

Al fin de la carretera llegamos a Lyngseidet. El segundo ferry lo cogeremos pronto. Aquí, esperando para embarcar, observo un mapa de Noruega. Realmente estamos muy al norte.

Ante nosotros, más allá del parabrisas, se extiende una magnífica continuación de montañas. De ellas tan solo nos separan las aguas esmeralda de este fiordo y 25 minutos de navegación.

Ensimismado en mis pensamientos no me percato de lo que se acerca lentamente hasta que queda a la altura de mi ventanilla. Una mujer anciana, que se apoya en un andador, avanza incansable hacia el ferry. Sus pasos son cortos, frágiles, como si cada uno viniese impulsado más por el deseo que por sus débiles músculos. Viste una impoluta gabardina, y un pañuelo, verde y floreado, abriga su cabeza. Entonces, al llegar a mi altura, gira la cabeza, me sonríe y prosigue su infatigable camino. Fascinado me quedo mirándola, saco la cámara y aprieto el botón. Esta será la foto de toda la jornada.

La foto de la jornada
La foto de la jornada

Poco a poco hemos hecho el camino hasta Alta. El GPS nos indica la ruta hacia el centro de la ciudad.

  • Esto no puede ser el centro –comento en voz alta.

Un polígono industrial y un centro comercial es todo lo que vemos. Pasamos un cruce. Maldigo el hecho de que estos noruegos no pongan señales de ceda el paso, y vemos un restaurante tailandés y uno chino.

Esto más bien parece uno de esos barrios salidos de una burbuja urbanística. Así, y por poner un ejemplo, como la española. Calles anchas, bloques de cuatro plantas, dos grandes hoteles, un parking en altura y la famosa (aquí) Studenthus, o lo que es lo mismo, la casa de estudiantes. Famosa por ser los cines de la ciudad, bar, discoteca y sala de conciertos, todo en uno.

En una de las esquinas de este nuevo barrio se levanta la Northern Lights Cathedral. Una iglesia levantada en 2013, de formas curvilíneas metálicas que se yerguen hacia el cielo. El interior es un poco más convencional, aunque el Jesucristo que han puesto presidiendo la iglesia se les ha ido de las manos. Una estatua policromada sin formas definidas y brazos extremadamente cortos es todo lo que veo ante mí. El arte moderno ha llegado a la ciudad, señores.

Northern Lights Cathedral
Northern Lights Cathedral

Como viene siendo habitual, vamos a terminar nuestras últimas horas en esta ciudad en un bar, y como aquí el más famoso es el Studenthus, pues allí que nos presentamos.

  • Dos tés, por favor. –pedimos en inglés.

Al chico parece que le ha pillado por sorpresa que aparezcan dos extranjeros hablando en inglés. Esto nos confirma dos cosas: que aquí no aparecen muchos turistas y que el inglés lo tiene tremendamente oxidado.

  • ¿Qué clase de té queréis? –nos pregunta en un inglés casi ininteligible.
  • ¿Qué clases de té tienes?
  • Breakfast tea, grøn tea, applesin tea,… -responde señalando los botes de té y mirando de reojo al cocinero, que ha salido de su cueva para observar el espectáculo.
  • Un grøn tea y un applesin.

Damos gracias porque el noruego y danés son primos hermano y los idiomas son idénticos, si no ahora estaríamos bebiendo cualquier pócima salida de uno de esos botes.

  • ¿Tenéis wi-fi aquí?
  • Sí, pero solo para los estudiantes.

Maldita sea.

Hoy nos quedaremos con Hanne, una chica noruega que después de haber vivido un par de años en Oslo ha vuelto a su Alta natal y, en un mes, se marcha a San Francisco a continuar sus estudios. Oslo-Alta-San Francisco. Entre urbes anda el juego. Durante el verano está trabajando en el periódico local redactando las noticias que nadie quiere y, sorpresa, la noticia que más interés ha despertado la última semana es la de un coche que alguien ha puesto en la carretera principal, que está a la venta y al que ya le han puesto una multa por estar mal aparcado. De chiste.

Dia 18:

Anoche nos dio más de la una hablando con Hanne. Y, mientras hablábamos, el sol se mostraba entre los árboles, como en un atardecer sostenido en el tiempo. Otro pequeño milagro que llevarse en la memoria.

Hoy tocaremos el punto más septentrional del continente, quitando las islas Svalbard (que éstas van a su rollo). Hoy cumpliremos uno de nuestros objetivos del viaje: llegar a Nordkapp, el Cabo Norte.

La distancia entre Alta y Nordkapp es de aproximadamente 3 horas de viaje, así que conviene salir pronto para volver a una hora prudencial y poder ver a Hanne de nuevo antes de despedirnos.

La carretera pasa de nuevo entre montañas, ríos y casas de color rojo. Aunque esta vez algunas cosas son nuevas: los renos cada vez son más visibles por los campos de alrededor, los samis ya han instalado a pie de carretera sus mercadillos y tiendas de souvenirs, y en la radio suena NRK Sápmi, la emisora de los samis.

Comida de supervivencia
Comida de supervivencia

Todo parece un mar de la tranquilidad en las ondas herzianas cuando, de pronto, se escuchan dos acordes familiares seguidos de unas guitarras rumberas y una voz que canta:

  • Ruuuummbaaaaaa gitaaanaaaaaaa

El Peret. El más grande rumbero ha establecido un pequeño latifundio en estas tierras. Ha sentado precedente. Peret en las ondas árticas. Grande.

Atónitos continuamos el trayecto hasta Nordkapp.

Varios puentes, muchos túneles, uno incluso de 6 km, una pista de aviones al borde del mar, una montaña muy pronunciada y, al final de la carretera E69, llegaremos a Nordkapp.

Camino al norte
Camino al norte

El último tramo de carretera resulta confuso, muchos renos se cruzan en ella y los autobuses nos apartan por momentos de nuestro destino. ¿Autobuses? Decenas de ellos por el camino. Nos imaginamos lo peor. A lo lejos divisamos el Cabo Norte y lo que apreciamos es una multitud de caravanas y autobuses, unos junto a otros cerca del edificio principal.

Aproximación a Nordkapp
Aproximación a Nordkapp

Avanzamos temiendo lo peor cuando, de repente, ¡sorpresa! ¡Una cabina de peaje! ¡Pero qué es esto! ¿Cuarenta euros por persona, sólo por acceder a Nordkapp? A estos noruegos se las ha ido la cabeza de mala manera, han convertido este punto en un auténtico parque temático. Alguien en el viaje nos ha comentado que los noruegos son un poco agarrados, por aquello de que todavía perduran las costumbres de país pobre. Hay que recordar que, hasta bien entrada la década de los 60 del siglo pasado, Noruega seguía siendo un país de los más pobres de Europa. Pero una cosa es ser agarrados y otra estafadores.

Pero a grandes males, grandes soluciones. Hemos leído, consultado y confirmado, que el Nordkapp no es el verdadero punto más septentrional del continente, pero sí el más visitado y el que se ha llevado la fama. Y ahora viene la buena noticia: el punto más al norte es Knivskjelodden, que está a apenas 3 km de Nordkapp y que es inaccesible con coche, por lo que muy poca gente va. Para llegar a él es necesario dejar el coche en un minúsculo parking situado a un lado de la carretera y caminar durante dos horas los nueve kilómetros que separan la carretera del punto continental más septentrional. El camino no es muy difícil, pero sí hay que llevar buen calzado ya que en muchos de los tramos no hay un camino hecho y las piedras en este suelo están colocadas en sentido vertical (sí, vertical). Además hay abundantes tramos de barro, un descenso muy pronunciado hasta la playa, y se necesita atravesar una ladera de piedra, que puede ser peligrosa si está mojada, como era el caso.

Y después de nueve kilómetros, el Knivskjelodden situado a 71º 11’ 08’’ N nos ofrece todo su esplendor, unas vistas increíbles de Nordkapp en 71º 10’ 21’’ N. Una especie de monumento, que señala el punto más al norte, y una caja de madera es todo lo que se encuentra aquí. Dentro de la caja hay un libro desgastado donde anotar tu nombre en el listado de personas que han llegado hasta allí. Ahí ha quedado mi nombre, número 902.

Knivskjelodden  y Nordkapp al fondo
Knivskjelodden y Nordkapp al fondo

En el camino de regreso llueve. El barro lo envuelve todo y la bruma ha absorbido casi toda la ruta. Es hora de volver al hogar calentito y encontrarse con Hanne.

  • ¿Cuál ha sido la noticia de hoy Hanne?
  • He hecho una entrevista a dos chicas de Oslo que han venido a vivir a Alta. Y la primera pregunta que les he hecho ha sido ¿Por qué?

5 respuestas a «Nordkapp, destino al norte»

  1. […] El famoso Nordkapp es una trampa para turistas, un burdo escondite de come-dineros, un lugar al que no entrar porque el verdadero punto más al norte está unos kilómetros más lejos. Una caminata de 9 kilómetros y podrás situarte en el nordkapp real. → […]

  2. Avatar de Sergio Alvarez

    Tuvisteis que pagar el peaje para ir al otro punto o pudisteis pasarlo aparcando antes el coche?
    Mas o menos que temperatura puedes tener por el dia?
    Un abrazo!!!!!

    1. No tuvimos que pagar. Al ver el peaje dimos media vuelta. ¿Estamos locos o qué?
      Allí arriba hacía frío ese día, serían unos 8 o 9 grados. De risa, vamos.

  3. Objetivo conseguido…llegar al punto más septentrional del continente y evitar los lugares masificados y eminentemente turísticos. Tenías que haber publicado una foto de cómo acabaste tras tu ruta bajo la lluvia y el barro, ja ja ja.
    ¡¡Desconocía que los noruegos eran de puño cerrado!!
    Mucha suerte en lo que queda de aventura.

    1. jjajaja fotos después de rutas hay pocas, ni fuerzas me quedan para coger la cámara… aunque sí tengo una frente a un café que es digna de mención 🙂

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